Caníbales.

Habían acabado de comerse y todavía tenían  hambre.

Cuando le tocaba ella se deshacía cada instante.

Habían días que eran ocho, habían días que eran cinco. Y como eran.

La ropa no se la quitaba, sola se caía, no hacía falta que le dijera que la quería si solo con mirarla se la comía. Se comían más bien.

No habían suficientes horas, suficientes días.

Era brutal, era masivo, era una mezcla entre agresividad y amor, era mirarse y saltar chispas, era tenerse lejos y morirse era tenerse cerca y matarse.

Era estar solos y empezar sin saber ni cuando ni como acabar.

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